AL MENOS NO OIRA LO QUE DE EL SE DICE…

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Ya empiezan a aparecer cosas raras cerca de Fukushima. Tranquilos que no les hablo de políticos que intentan pactar unos con otros en la cuerda floja, encima del reactor dañado intentando llamar la atención e intentando demostrar lo implicados que están con el mundo. Les hablo de un triste conejito que ayer aparecía en los alrededores de la central y que nació sin orejas. La alarma ya ha saltado porque, han pasado menos de 3 meses y ya se ha dado el que podría ser el primer raro caso de tantos otros.

El conejito en cuestión, probablemente desconozca la expectación que ha levantado pero el revuelo ha sido tal, que la oveja Dolly va a pedir daños y perjuicios a su agente por no haber estado ágil y haberla promocionado un poco más antes de que todo esto pasara. Es cierto que el mamífero lagomorfo no podrá ser quien sustituya a Bugs Bunny en la que sería la película basada en los dibujos animados, pero sí tendrá la vida solucionada puesto que con esa malformación, pocos serán los que deseen meterlo en un caldero y muchos los que anhelen estudiar sus características poco comunes.

Y es que desde que vimos en Los Simpson un pez con tres ojos, la idea de que la radiación nuclear podría provocar defectos en los nacimientos tanto en animales como en personas, se nos antojaba algo ficticia. Sobre todo, con lo poco que hemos podido conocer tras el accidente de Chernobyl y que tan en secreto se ha llevado. Pero sí es cierto y está comprobado que si estamos expuestos a una alta exposición a la radiación el resultado obtenido es, como mínimo,  cáncer o tumores malignos.

Lo que sí podemos tener claro, es que las personas cercanas al conejito desorejado no van a tener una vida sana ni nada que se le parezca ya que los niveles de exposición han sido una barbaridad por mucho que digan que no ha sido así, porque es lo que suele pasar cuando ocurre una catástrofe. Los daños se minimizan y la verdadera información se oculta. Pero aunque no estuviese en lo cierto, el consumo de agua, el mismo aire o los alimentos extraídos de la propia tierra no están exentos de haber sido afectados por la radiación.

Por lo que la solución para todo aquel ser viviente que estuvo o está aún cerca es, al menos, proporcionarle una vida lo más sana posible puesto que la exposición es irreversible y el problema probablemente insalvable. Lo malo es que estoy casi seguro de que esto volverá a ocurrir y ya no porque las condiciones de seguridad de una central nuclear sean pocas, sino porque, como ocurrió en Japón, hay factores como la naturaleza, que son incontrolables.

Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera…

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