NO ES CUESTION DE ALIMENTAR VAMPIROS…

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Hoy se celebra el Día Mundial del Donante de Sangre. Un día que sirve para recordar que hay que ser solidarios y ayudar a aquellos que necesitan nuestro rojo fluido. Y es que la sangre, que forma el 7% del peso de un cuerpo humano y que en una persona adulta se puede expresar en 4 ó 5 litros, tras una donación se recupera el líquido a las pocas horas y los glóbulos rojos tras tres semanas aproximadamente. Es por ello que lo que vamos a donar, volverá, gracias a nuestro organismo, en un breve espacio de tiempo.

¿Pero qué es lo que lleva a aquel que no es donante a pasar de largo cuando se encuentra con una unidad móvil de extracción de sangre? Muchos aún creen que es doloroso y que utilizan un taladro para hacer el agujero en la vena o incluso que, una vez te han pinchado, aspiran por un tubo para extraer la sangre de 5 en 5 litros. A ver, que ya lo comentaba antes, nuestro cuerpo tiene limitaciones y capacidades. La limitación de mostrar, a través de nuestro peso, hasta donde podemos donar, y la capacidad de regenerar lo donado en poco tiempo.

Conozco a gente que le tiene tanto miedo a las agujas que se han hecho tatuajes de mentira con tal de no donar, algo que si es reciente, impide que seamos solidarios. Una vez incluso llegué a oír que había quien pensaba que las extracciones las realizaban vampiros experimentados y que, a cambio de beber la mitad de lo que extraían, la otra mitad la depositaban en tubos de ensayo, de esta manera, se alimentaban más y cazaban menos.

Pero he de decirles que todo lo que hayan oído anteriormente forma parte de las leyendas urbanas y de aquellos que le tienen tanto miedo a la gente que lleva bata blanca que se inventan lo que sea para justificar sus miedos. Y fíjense ustedes si nuestro rojo elemento puede ayudar a otros que no sólo sirve para salvar la vida de un paciente sino que a través de sus componentes puede beneficiar a muchas personas y hacerles llevar una vida mejor.

Por eso considero que, ya no es una opción a tener en cuenta, porque nunca se sabe si algún día nos puede hacer falta a nosotros. Sino que, si obviamos lo egoístas que podemos llegar a ser, sí  deberíamos considerarlo como una obligación, porque no todos los días tenemos la oportunidad de salvar una vida.

Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera…

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