¿A QUE APRUEBO LA OPOSICION SIN ESTUDIAR?

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Vaya jaleo el que se ha armado con lo de las oposiciones a Celador del Servicio Canario de Salud de hace unas semanas. El, y permítanme que utilice un término poco común en mis textos, “pitote”, se ha formado aparentemente porque el grupo formado por el Colectivo de Opositores de Canarias ha asegurado que el examen no fue del todo limpio y desde los sindicatos filtraron al menos 29 preguntas.

La respuesta de los sindicatos no se ha hecho esperar y han negado rotundamente tal afirmación asegurando que es imposible que algo así haya ocurrido porque el examen lo gestionó directamente el Servicio Canario de Salud por decreto, sin contar con las fuerzas sindicales de la mesa sectorial de sanidad. Así que ahora, todo queda en la Consejería de Sanidad del Gobierno de Canarias.

Y es que antes de que se entregara el examen ya la cosa no pintaba bien. ¿De qué forma gestionas tú 413 plazas para 47.000 opositores? ¿Y cómo los metes a todos en las diferentes facultades de nuestra insigne Universidad de Las Palmas de Gran Canaria? Al parecer sí entraron pero se armó la marimorena en los accesos al Campus de Tafira. Lo lógico habría sido decirles al entregarles su solicitud, que salieran de sus casas a las 6 de la mañana para que llegaran a tiempo a la prueba.

Pero sobre la filtración de las preguntas he de decir que es muy sencillo hoy en día hacerte con la información y distribuirla a diestro y siniestro sin que sepan quien lo ha hecho. Uno de los miembros del tribunal podía haber dicho tranquilamente: ¿les importa que saque una foto de esta parte del examen? Es que es el primer cuestionario que hago y me gustaría tener un recuerdo.

Además, no sé de qué se quejan si sólo fueron 29 preguntas de nada de las 100 que tenía el examen. Yo la última vez que hice una prueba de este tipo me enfrenté a un cuestionario del que habían filtrado 99 preguntas, pero aprobé yo. Y es que el enchufado se equivocó en la pregunta número uno, en la del nombre. Así que sólo decirles a estos pobres opositores que, aunque entiendo su queja que sean conscientes de que, en una oposición siempre habrá dos clases: los que son honestos y estudian y los que son afortunados y además, enchufados.

Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera…

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