UNA CANITA AL AIRE…

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Mi reino por un pelo, aunque sea blanco. Eso es lo que pensamos aquellos que nos lavamos la cara desde la barbilla hasta el cuello pasando por la frente sin temer que se nos rice el pelo. Pero sin embargo aquellos que nadan en la abundancia capilar, al ver un elemento extraño y de blanco color sufren una histeria repentina y revuelven sus melenas con la intención de extraditar a aquel pelo extranjero sin papeles y abocado a una muerte segura.

Pero, ¿a qué se debe esta homofobia capilar?, pues está muy claro, al miedo a envejecer. Y es que las personas que encuentran una cana entre sus frondosas cabelleras sienten, al realizar el descubrimiento, que la vida les está mostrando que comienza una nueva etapa. Pues sepan ustedes que están equivocados, porque un grupo de científicos han demostrado que la proteina ‘Wnt’ es la encargada de coordinar el proceso de pigmentación del cabello, por lo que cuando falta una célula madre llamada “melanocito”, aparece una cana.

¿Y qué produce este cambio de pigmentación? Pues no lo sé porque como no tengo pelo, la verdad no me interesa mucho, pero lo que sí sé, es que las canas antes si mostraban signos de vejez, ahora en una sociedad como la nuestra, lo que nos enseñan es que esa persona es más interesante e incluso podría llegar a parecer culta.

De todas maneras a aquellos y aquellas que abusan de los habituales cubre-canas, sólo decirles que es cuestión de tiempo que sepan ya no solo cómo frenar el proceso de despigmentación capilar sino además invertirlo. Y es que para llegar a la conclusión de que la citada proteína es la causante del “desteñimiento” de los pelajes, los científicos de los que antes les hablaba, hicieron pruebas con varios ratones morenos inhibiendo la ‘Wnt’ y dando como resultado, ratones canosos. Ahora estos roedores no paran de ligar con ratitas presumidas dado su parecido con Richard Gere.

Así que no se quejen aquellos que de repente noten un cambio de color capilar por pequeño que sea, porque los procesos de la vida es lo que tienen, que por mucho que uno quiera cambiarlos, ellos seguirán teniendo el control sobre nosotros. Así que más vale tener pelo, sea del color que sea, porque no hay nada peor que tener un terreno y que en el no crezcan flores. Y que conste que hablo de mi jardín y no de mi cabeza…

Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera…

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