ANTE EL DOLOR…ME CRUZO DE BRAZOS…

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Esta mañana al levantarme de la cama, me tropecé con la sábana y la colcha y me caí de frente. Y el golpe en la cabeza, en vez de dejarme peor de lo que estoy, lo que provocó fue que me acordara de algo que había leído en una revista científica muy acorde con el momento. Al parecer y según un estudio del científico Giandomenico Ianetti del University College de Londres, lo mejor ante casos de repentino dolor como pueden ser los golpes inesperados es, cruzarse de brazos.

Dicho así, lo que nos muestra este buen señor es que no es una lumbrera puesto que es verdad que si nos damos un golpe, ya poco podemos hacer más que cruzarnos de brazos y soportar el dolor. Pero si en realidad atendemos al razonamiento expuesto por el científico a través del cual nos explica que tras el golpe la opción más afortunada consiste en cruzar los brazos, el asunto cobra algo más sentido. Según su estudio, haciendo esto, atenuamos el dolor hasta en un 3%.

Pues sí, es verdad. Después del golpe que me di, recordé lo leído y crucé los brazos rápidamente y funcionó. No sé porque extraña razón, sentí menos dolor pero así fue. Por lo que, el paso siguiente fue buscar el artículo de Ianetti y en el pude leer que cruzando los brazos los estímulos sensoriales que suelen estar coordinados con la parte izquierda y derecha de nuestro cuerpo sienten como si se desalinearan las áreas del cerebro y se debilitase la percepción de varios estímulos, entre ellos, el dolor.

Así que ahora me siento como un Super Héroe puesto que puedo aguantar el dolor más que antes y sólo cruzando los brazos. ¿Qué tres individuos le están robando el bolso a una ancianita? La defiendo y si me llevo una somanta de palos, me cruzo de brazos y ya está. ¿Qué le digo un piropo a una bella jovencita estando mi novia al lado? Me llevo el bofetón del siglo y ya está.

Aunque si somos realistas y antes de sufrir, aunque sea un 3% menos de dolor, la idea más inteligente es aquella que nos hace evitarlo, así que será mejor que cruce los brazos cuando y donde siempre lo hago, por las mañanas en el trabajo, que ahí el único que pasa dolor, es el jefe al ver que la tarea no sale adelante. Y es que como reza el dicho “A dineros pagados, brazos cruzados…”

Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera…

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