EL SASTRE DE LA GENERALITAT…

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Al final ha sucedido. El Presidente de la Generalitat Valenciana, Francisco Camps, ha dimitido por sus imputación en la trama Gürtel, aunque su participación ha sido más conocida por “El caso de los trajes”. Camps, que tenía que personarse ayer en el juzgado para hacer frente a la multa de 49 mil euros impuesta, tan sólo declarándose culpable, habría evitado el juicio por cohecho pasivo impropio.

Sobre el asunto se ha especulado mucho porque también se ha hablado mucho, pero quizá quien de verdad sepa qué ha ocurrido sea el que confeccionó los trajes al ahora ex-president. Camps, al parecer, aceptó en su día como regalo unos trajes. Pero una vez que se destapó la trama, él mismo insistió por activa y por pasiva en reiteradas ocasiones que sus trajes se los había pagado siempre y que nadie le había regalado nada, quizá por eso haya dimitido.

Por eso decía que a lo mejor deberíamos preguntarle al sastre que le ajustó los “bajos” a medida porque él quizá nos podría dar más información como ya pasara en la novela del magnífico John Le Carré, El Sastre de Panama. Allí el novelista relataba cómo un modisto ligeramente corrupto desvelaba los secretos de sus clientes, en su mayoría políticos, a un espía. En la historia contada por el escritor, el final fue agridulce, algo que dista relativamente de lo sucedido en Valencia.

¿Pero por qué un político cae en algo tan banal como es el trato de favor aceptando una baratija a cambio? ¿Qué es un traje de mil euros, un Ferrari o una parcela dentro de un complejo ilegal de apartamentos? Nada ante el respeto del pueblo. Pero ese es el respeto que muchos políticos tienen a sus ciudadanos, aquel que se traduce en la ingente cantidad de beneficios que les puede proporcionar un cargo, independientemente de lo bien o mal que lo hayan hecho.

Así que España seguirá siendo el lugar idóneo para aquellos que se hinchan cuando aseguran que representan al pueblo pero que pierden el aire y resoplan cuando son descubiertos en locales de alterne armando escándalo, son reelegidos en cargos de responsabilidad aún teniendo causas pendientes con la justicia o niegan que el vestir bien esté ceñido a un trato de favor, porque por culpa de ellos este país tristemente es un desastre y si sigue así, no habrá sastre que lo remiende.

Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera…

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