ESCRITO CON LETRAS DE SANGRE

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Este fin de semana he podido disfrutar de un no-tranquilo día de playa. Ha sido no-tranquilo porque estando en pleno mes de julio y siendo fin de semana, imagínense como podía estar la playa. Yo creo que había gente incluso que solo por jorobar, fueron, dejando así a la entrada de la playa el cartel de ‘No hay localidades’. Pero no se crean ustedes que esta situación me amilanó o me provocó mal humor, al contrario, me sirvió para relajarme, pensar y sobre todo observar algo que antes y solo antes había visto en la playa, pero no valorado, los tatuajes.

Y es que en una época en la que el Tatuaje marca tendencia y estilo, no podía dejar pasar referirme a ellos por lo variopintos y distintos que son dependiendo de la persona. Hace décadas, el tatuaje era algo característico entre los hombres duros o aquellos que habían pasado por la cárcel, y sus mensajes eran bastante claros, porque o representaban una ideología o resaltaban el cariño de aquella que les había traído al mundo con la frase clásica de agradecimiento, “Amor de Madre”.

Pero hoy en día la moda de pincharse el cuerpo e inyectarse tinta no tiene ni edad ni género ya que igual podemos ver a un chaval de 14 años como a una señora de 60. Por lo que habría que preguntarse qué lleva a un ser humano a marcarse como una res de por vida. La respuesta lógica sería: la de recordar a través de este gesto a alguien o algo muy importante y que ha tenido mucho significado para nosotros. El nombre de un hijo, de una madre o de una novia, sería el ejemplo más claro.

¿Pero qué pasa cuando, por ejemplo, esa novia deja de serlo y se va con tu mejor amigo? El tatuaje con su nombre solo te recuerda el dolor que has sentido y sientes. Mi amigo, Simón Cloa, se quiso desprender del tatuaje que en el pecho le recordaba, cada vez que se miraba al espejo, a su ex y que se llamaba Mari. Recurrió a un tatuador extranjero para solucionar su mala fortuna, pero éste no hablaba español así que Simón le indico el tatuaje de su pecho y le dijo ‘Quita’. Ahora en el pecho de mi amigo se puede leer “Mari Quita”.

Así que ustedes sabrán si se marcan de por vida con nombres de ida y no regreso, mariposas o letras chinas que creyendo que ponen nuestro nombre quizá indiquen que nos gusta el ‘Chopsuey de Pollo’. Pero lo que es yo, mejor me quedo con las marcas de guerra que tengo de pequeño que esas con el fututo irán desapareciendo, no como el tatuaje de una manzana, imagen que cuando tenga 80 años será la de una pasa. Pero si alguna vez cambio de idea y me tatuó algo, que sepan que será esta frase: Este mensaje sólo se autodestruirá…cuando me incineren.

Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera…

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