LA SAL DE LA VIDA…

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Recordarán que hace unos días hablaba de un estudio que asemejaba la ingesta de papas fritas al consumo de marihuana. Pues ahora llega a mis manos otra investigación y ésta explica que las drogas adictivas activan las mismas células nerviosas y conexiones neuronales en el cerebro que el apetito por la sal. Así es, ahora la sal parece que se une a esta serie de alimentos que nos convierte en adictos como ya ocurre con las grasas.

Los autores del estudio, un grupo de investigadores de la Duke University Medical Center han llegado a la conclusión de que el apetito por la sal sigue el mismo comportamiento adictivo que el producido por los grupos de genes que regulan la adicción a la cocaína o a los opiáceos. Lo que dicho más claramente, significa que igual nos comemos un paquete de pipas y al rato queremos más como que nos metemos una raya de coca y en cuanto se pasen los efectos, necesitamos otra.

Pues yo, si les digo la verdad, no secundo esta investigación y es que me encanta la sal y no por ello me considero un yonki. No me veo aparcando coches con la única intención de conseguir algo de dinero y poder comprar así galletitas saladas. Y aún menos robándole el bolso a una ancianita para ver si lleva manises (cacahuetes) para sus nietos escondidos en la cartera.

Y qué me dicen ustedes de las clínicas de desintoxicación salina, ¿como serían? Seguro que alejadas del mar puesto que sería un peligro para el tratamiento que se escapara algún interno y se pusiera a chupar las rocas por su alto contenido en sal. Como corriera la voz, aquello sería una manada de lobos salvajes sedientos de sodio.

Pero como siempre omito lo importante sí he decir que este descubrimiento generará un adelanto en la investigación sobre las adicciones, algo, esperemos funcione con tantas y tantas personas dependientes. Aún así y como sigo muy dolido por haberme llamado ‘mariguanado’ sólo por gustarme las papas fritas no voy a dejar que me digan ahora ‘drogata’ por gustarme la sal y como medida de protesta, me voy a comer un plato de papas con mucha sal, porque hay placeres de la vida de los que es muy difícil desengancharse.

Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera…

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