¿QUE TE CREES? ¿QUE NO CREES?

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Creo que voy a ser el único que en estos días no hable del Papa ni de su visita a nuestro país. Lo digo en serio, me niego a referirme a esas Jornadas Mundiales de la Juventud y a la que se ha montado. Me niego por varias razones pero fundamentalmente por una. Por aquella que hace que la religión sea la mecha que haga explotar la dinamita del fanatismo acérrimo.

En el mundo hay casi tantas religiones o movimientos de fe, como razas. No me llamen exagerado porque así es. Desde históricas como el judaísmo o cristianismo a novedosas como la cienciología o el fútbol. ¿O acaso se creen ustedes que el deporte rey no forma parte de ese amplio abanico de sectas legales que se forman en torno a un ídolo? Para algunos hay futbolistas o entrenadores que son dioses y por ellos son capaces de abonar, como si de un rastrillo eclesial se tratara, sumas considerables para ver el sermón deportivo de 90 minutos que cada domingo exponen éstos.

Pero más allá de cualquier creencia, ¿qué sería del ser humano si no tuviera en qué creer? Formaría parte de un reducido grupo de personas que no creen que creer cree un credo en nuestro recreado cerebro. Incluso los que no creen nada, los agnósticos o los nihilistas, son fieles a su no creencia. Así que nadie escapa a la atracción de tener un punto de apoyo como es la fe en algo.

Y cuando decía que no quería hablar de la visita del Papa, tenía fe en mi creencia, pero con lo poco crédulo que soy, abandono esa postura y digo que si dos millones de personas se mueven por el mundo para ver a la representación de Dios en la Tierra, o éstos creen realmente en el elegido divino o son seguidores de una gran campaña de marketing que realmente funciona. Y que nadie se sienta mal si tildo de movimientos de este tipo como marketing abrasivo o estrategia comercial bien definida porque todo lo que se publicita está dentro de este sector y éste no va a ser menos.

De todas maneras y para evitar que aquellos que son creyentes dejen de serlo o para aquellos que creían no tener fe, no supediten su pensamiento a un efecto erróneo, les propongo tan solo un sencillo ejercicio mental. Piensen en algo por lo que realmente moverían cielo y tierra, sea lo que sea. Valoren su pensamiento y evalúen por qué han pensado así. Cuando realmente obtengan la respuesta verán de verdad, que esa es su creencia y en consecuencia su fe. Porque como dijo James Harvey Robinson; Gran parte de lo que llamamos razonamiento consiste en encontrar argumentos para seguir creyendo en lo que ya creemos.

Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera…

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