AQUI HUELE A MUERTO…

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En estos días me sorprendía la noticia de los destinos vacacionales de culto para aquellos que en su día perdieron a sus idolatrados ídolos. Les hablo de las tumbas más visitadas. Una costumbre bastante extraña porque realmente…poco se puede sacar de un muerto.

Y si nunca he sido partidario de disfrutar de mis vacaciones con visitas a iglesias, catedrales, museos y demás, menos creo que me podría gustar visitar la tumba de nadie. Porque, aunque si hay personajes emblemáticos que dejaron una profunda huella en su generación y en las posteriores, realmente una lápida, panteón o nicho, creo que poco me va a decir.

Es verdad que esta costumbre puede servir para mostrar tu respeto a alguien que marcó tu juventud, como pudo ser Elvis Presley. Que te hizo amar el cine, como Rodolfo Valentino. O que te hizo reír con sus ocurrencias como lo hiciera Groucho Marx. Pero, si para muchos estos lugares sagrados sirven como destino vacacional, ¿qué hacen los familiares vivos de estas leyendas? ¿Rezan en casa? ¿Envían flores por Tele-Floristería? Porque seguro que no hay nada más incómodo que estar mostrándole respeto a uno de tus familiares y tengas al lado a un fan de Elvis cantando y moviendo la cadera en una absurda imitación.

Sin embargo habría también que valorar y evaluar, quién gana en todo esto. Quizá el sepulturero que, por un pequeño soborno, hace la vista gorda y deja que te lleves un trocito de lápida. O incluso ese familiar que en vez de llorar se sienta a la entrada del campo santo con un cestito y un cartelito en el que se puede leer: La voluntad para el eterno descanso de tu ídolo.

Por lo que reitero mi desacuerdo con esta práctica ya que si de verdad deseo mostrar mis respetos a los grandes que nos dejaron, lo hago escuchando sus canciones, viendo sus películas o leyendo sus ocurrentes historias porque si hay algo que no te gustaría que te hicieran, no lo hagas. ¿O qué parte de ‘Descanso Eterno’ no ha entendido esta gente?

Por eso, y como sé que me convertiré en un icono (no para el escritorio) sino social y mediático, el día que me muera, que mis cenizas las lancen en la Playa de Maspalomas. Así el que no tenga nada qué hacer y tenga ganas de visitar el monumento en mi nombre, que me erijan en cualquier lugar, que se quede con la boca abierta al leer en mi lápida: Aqui no hay nada ni nadie, así que…cógelo Cuco…”

Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera…

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