“ZAPATING”, UN DEPORTE DE LO MAS ELECTRICO…

Es curioso como algunas modas tienen un origen desconocido y quienes las siguen ni siquiera saben por qué lo hacen. La tendencia de la que les hablo no tiene comienzo ni fecha de inicio, pero sí se sabe que son muchos los que se han atrevido a continuar con algo ridículo como es el lanzamiento de zapatos al cableado del tendido eléctrico.

Así es, no les hablo de un hecho aislado sino bastante extendido. Si son observadores y recuerdan, en alguna ocasión habrán visto colgado del tendido eléctrico entre dos casas un par de zapatos o deportivas unidos por sus cordones. ¡Exacto! Lo recuerdan. Pues no se crean que es algo propio de su barrio, de su desequilibrado vecino o de alguien que se equivocó al tender su calzado y lo dejó ahí, es algo que se lleva haciendo desde que el hombre simple es hombre simple, o sea, desde siempre.

Y por favor que ningún varón se sienta mal si no nombro a las mujeres pero es que la verdad es que ésta es una técnica puramente masculina. ¿O alguien ha visto alguna vez unas deportivas rosas colgando o un par de tacones amarrados por una soga? Y cómo creo además ser el primero en hablar de ello, me voy a permitir la licencia de ponerle nombre a esta estúpida técnica a la que a partir de ahora denominaré “Zapating”.

El por qué llega un hombre a esto es una incógnita. Algunos creen que es para deshacerse de su calzado viejo. Otros que simplemente intentan ver si los zapatos son conductores de la electricidad y por eso los lanzan a los cables, para ver si saltan chispas. Pero sinceramente yo creo que la única teoría válida es que éstos avispados individuos creen que una vez que los zapatos son lanzados y estos se han quedado enganchados, después pueden bajar solos.

Recuerdo una vez que un amigo, Marcos Quilla, quiso hacer ‘Zapating’ pero al vivir en el campo no encontraba cables eléctricos donde dejar sus deportivas así que caminó y caminó hasta que llegó a un pueblo situado a 50km al norte. Una vez allí, lanzó sus deportivas y consiguió que estas se engancharan a la primera. Cuando se fijó, vio que estaba descalzo y tuvo que volver a casa así. Por lo que esta historia nos deja una moraleja: Si no te das cuenta de para qué sirven las cosas, quizá es porque tu tampoco sepas para qué sirve lo que tienes encima de los hombros.

Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera…

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