RE-VUELTA

 

Es curioso cómo pasa el tiempo. Hace tan solo un mes, me estaba despidiendo de ustedes y 30 días más tarde, vuelvo a expresarme a través de este comentario como si nada hubiese pasado, y la verdad es que sí que ha pasado y mucho. Cómo sé que algunos o algunas desean saber qué he hecho durante mis vacaciones, lo que voy a hacer es contarles lo que no he hecho. Así les dejo con la duda y una vez más me salgo con la mía.

En estas tres decenas que han durado mis vacaciones, una de las cosas más importantes que he hecho ha sido la de no informarme y créanme que no ha sido difícil. Aunque siendo periodista, la información en esta profesión se puede convertir en una adicción, sinceramente, no me costó mucho desengancharme de los informativos o de los periódicos digitales. Con esto no quiero decir que me haya escondido debajo de una piedra y me haya olvidado del mundo, en absoluto, pero sí he omitido cualquier noticia que pudiera alterar mi descanso.

Porque, ¿de qué forma descansa alguien que lee, ve o escucha que Grecia está en bancarrota y que España será la siguiente? Los 2 euros que pensaba gastarme en un chiringuito de playa en una ‘lujosa’ botella de agua, se habrían quedado en mi bolsillo por miedo a necesitar en un futuro una cantidad monetaria tan importante.

¿O qué habría sido de mí y de mi bronceado si llego a enterarme de que llegaba una ola de calor y que los termómetros podrían alcanzar los 40 grados? De esa manera nunca habría encontrado a Gertrudis, la sueca que ahora es mi mujer y que conocí en un caluroso día de playa, aunque en principio me costó conquistarla porque se hizo la sueca.

Así que aunque no lo crean, en estas vacaciones he sido la persona más desinformada del mundo, bueno, casi la más desinformada ya que por lo visto todos aquellos que dejé atrás y que dirigen países, gobiernos regionales y ayuntamientos, parecen estar peor que yo, ya que han seguido sin darse cuenta de que la cosa no ha mejorado y poco han hecho para que la cosa cambie. Y a mi llegada me he dado cuenta de una cosa; al leer el periódico que dejé encima de la mesa de mi oficina y el de hoy, un mes después, parece como si nunca me hubiera ido. Qué pena que 30 días no den para hacer nada bueno.

Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera…

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