¿LE HAS DADO HACIA ATRAS AL RELOJ QUE TIENES DELANTE?

Volvemos otra vez a lo mismo. Sé que tiene una explicación racional, pero me molesta que cada cierto tiempo, el tiempo se pare, y cambie de dirección momentáneamente. Unas veces hacia adelante y otras hacia atrás. No se crean que soy un gandul y que este cambio obligatorio me molesta porque sí. Lo odio porque por las tardes trabajo en una relojería y esta tiene más de 100 relojes. Y a ver quien le dice al jefe que haga el cambio de hora él.

En esta ocasión y según indican la mayoría de fuentes consultadas como Manolito el portero de mi bloque y Lolina, la costurera de la esquina, al reloj habrá que darle una hora hacia atrás por lo que a las 3:00 de la madrugada del sábado al domingo, pasaremos a las 2:00. Y ya todos sabemos lo que supone este cambio de hora. Que nos levantaremos de día, y que la tarde se transformará en noche mucho antes. Pero esto yo no lo sabía y lo que pensaba sobre este cambio horario cambió por completo hace exactamente un año.

A finales de octubre del pasado año, me encontraba en una etapa de mi vida bastante feliz. Tenía buenos amigos, una novia muy dulce y cariñosa, y aunque esta hiciera culturismo no era nada agresiva. Además, era encargado en un local nocturno de moda regentado por uno de esos amigos tan buenos que me había acompañado durante tantos años.

Lo que ocurre es que siempre fui muy ingenuo, y esto de los cambios de hora nunca fue conmigo. Es más, hasta esa fecha, nunca había llevado reloj. Por lo que, cuando me explicaron aquella noche que dábamos un salto horario y que a las 3 pasaríamos de nuevo a las 2 de la madrugada, lo entendí de otra manera, quizá influenciado por ver y leer tanto sobre ciencia ficción.

Pensando que daríamos un salto en el tiempo, aproveché a las 2:58 y fui a la oficina de la discoteca. Allí estaba la novia de mi amigo que siempre me ponía ojitos. Así que la rodee con mis brazos y la besé apasionadamente. Al darme la vuelta vi que mi novia y mi amigo estaban también en la habitación y lógicamente, estupefactos. Pero salí corriendo y me metí en el baño, y justo a las 3, le di hacia atrás a mi reloj, volviendo a las 2 con la idea de que nadie recordaría nada.

Y quien no recordó nada hasta los dos días fui yo, ya que al abrir la puerta del baño, me tropecé fortuitamente con el puño de mi novia que me dejó inconsciente. Así que, para que no se me olvide como perdí un buen trabajo, un buen amigo y una linda novia, trabajo en esta relojería. Así al menos recordaré que los saltos en el tiempo aún están por descubrir y que hasta el momento, solo podemos vivir una hora más o una hora menos.

Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera…

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