¿AQUI QUIEN TIENE EL MANDO?”. Uno de los objetos más sucios de nuestra casa es el mando a distancia.

 

Ya es miércoles y toca hacer referencia a esos objetos de uso cotidiano y que nos acompañan junto a las bacterias y gérmenes que portan. Gracias a la bitácora “Entre el caos y el orden” (http://elordenyelkaos.blogspot.com/ ) y su post con un listado de cuáles son los que más bichos tienen, hoy el protagonista y porque además la televisión está demasiado presente en nuestras vidas es: el mando a distancia.

El aparato que más disputas ha generado en nuestras casas por ser como el Bastón de Mando de un ayuntamiento, ya que todos quieren sentir su poder, también forma parte de los elegidos dentro de ese listado de cachivaches o cosas que tanto tocamos y que por regla general, poco limpiamos. El mando a distancia tiene la particularidad además de ser uno de los pocos objetos de la casa que es tocado por todos sus miembros en mayor o menor medida.

Si pensamos en el día a día de un mando a distancia su jornada comienza muy temprano, con el cabeza de familia que tras prepararse una tostada con mantequilla y mermelada pulsa con su grasienta mano el canal de noticias. Más tarde, la empleada del hogar es la que tras limpiar el ropero y con las manos llenas de polvo pulsa el canal de la telenovela para que la acompañe en sus tareas. Cuando llegamos a medio día, la señora de la casa y tras picar unas anchoas antes de almorzar se decide por poner el telediario a la espera de que llegue el resto de la familia pulsando así con su dedo aceitoso-pescadil el canal correspondiente.

Pero es que esto continúa por la tarde. Los protagonistas a la hora de la merienda son los dedos de los más pequeños que, entre bocadillos de Nocilla y vasos de leche, se pelean pulsando uno y otro canal para ver los dibujos. Ya por último y tras una dura jornada, el aparato se refresca con las salpicaduras de whisky que le llegan gracias al que inició el día, el cabeza de familia.

Así que este podría ser el resumen del día a día de un mando a distancia y la cantidad de gérmenes y bacterias que van ocupando su espacio libremente, algo que a buen seguro cambiará si han prestado atención a este editorial. Y ojo que si se fijan no he incluido lo que ocurre con el mando cuando a alguno de los mayores de edad le da por ver un canal erótico, porque entonces estaríamos hablando de un tocamiento más, y que conste que sigo hablando del mando a distancia.

Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera…

 

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