“¿Te parece como entrantes una de gérmenes al ajillo?”. Las cartas de los restaurantes tienen más bacterias que platos a ofrecer.

 

Seguimos como cada miércoles con el listado de objetos de uso cotidiano que más gérmenes contienen. En este caso y gracias, como siempre decimos al índice elaborado por la bitácora      “Entre el caos y el orden“, (http://elordenyelkaos.blogspot.com/) hoy le ponemos en antecedentes de lo que ocurre con las cartas de los restaurantes.

Sí, ese cartoncito que con tanta pasión cogemos cada vez que nos sentamos en un restaurante desde que entra en contacto con nuestras manos se convierte en asesino en serie patógeno para nuestro cuerpo. Cierto es que en el encontramos grandes platos que son objeto de deseo para nuestros desnutridos estómagos pero, ¿ha pensado alguna vez en que esas cartas con alguna manchita que otra de comida nunca han sido lavadas? De ahí que tengan esas manchitas.

Así es, las cartas de los restaurantes en su mayoría son grandes portadoras de gérmenes puesto que pasan por las manos de miles de comensales. Personas que por regla general vienen de la calle, de trabajar, de apoyarse con sus manos en las barandillas de la guagua o de la calle. Es por ello que al tocar esos menús impresos, se produce un intercambio de virus y bacterias. Se dejan allí las que son nuevas y se recogen las que les faltan a través de sus manos.

Y claro, todo esto se produce lógicamente en parte por la falta de previsión de los dueños de estos locales que sabiendo lo fácil que es coger una infección por culpa de tanto bicho viviendo en un centímetro cuadrado de cartón, se empeñan en no plastificar las hojitas que recogen la variedad culinaria de sus locales. Primero, porque sale muy caro hermetizarlas y segundo, porque así pueden sustituir los precios a su antojo sin que el cliente se de cuenta de que se ha producido el cambio.

Yo una vez estuve en un restaurante y tras dejar la carta y coger el tenedor, este se derritió en mis manos por la cantidad de bichos que la hoja en cuestión tenía. Supongo que también tendría que ver que el local estaba ubicado al lado de una central nuclear y era frecuentado por muchos trabajadores de la fábrica. Aún así y como recomendación, siempre que cojan la carta y pidan, vayan al baño y lávense las manos puesto que sí desean  disfrutar de una buena comida, que esta al menos no tenga “condimentos” sorpresa.

Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera…

 

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