En este bolso tengo de todo, lo que más, bacterias y gérmenes”. Los bolsos femeninos son portadores de grandes cantidades de gérmenes.

 

Una vez más analizamos aquellos objetos de uso cotidiano que tienen bacterias o gérmenes y que buenamente tratamos con cariño. Entre los destacados existentes en el listado proporcionado por la bitácora Entre el caos y el orden hoy nos hacemos eco de uno fundamental en la vida diaria de las mujeres, aunque también haya algún hombre con tendencia femenina que guste de usar el bolso.

Ese apósito inseparable que acompaña a las mujeres allá donde van y en el que se puede encontrar casi de todo es una residencia muy confortable para las bacterias y gérmenes que buscan un lugar donde hospedarse. Y tranquilas señoras y señoritas porque nadie las está llamando poco higiénicas ni que sean descuidadas con sus amigos los bolsos. Lo que ocurre es que las bacterias y los gérmenes que se quedan en ellos llegan a través de las superficies donde los dejan para descansar sus hombros o muñecas.

Pero es que tal y como recoge el blog Entre el caos y el orden, la Microbióloga, Amy Karen, de los Laboratorios Nelson, encontró que casi todos los bolsos que se probaron estaban contaminados con bacterias dañinas como las Pseudomonas que  pueden causar infecciones de los ojos. Las Staphylococcus aureus, que pueden causar infecciones cutáneas. E incluso bacterias como la Salmonella y la E-coli, que pueden causar graves enfermedades. Hasta se encontraron que 4 de cada 5 bolsos dieron positivo en el resultado de Salmonella. O sea, una maravilla los bolsos.

Los bolsos que más bacterias tenían eran aquellos hechos de tela o los que tenían como dueña a una mujer con hijos o a una que frecuentaba locales de ocio nocturno. Y claro, es normal que así sea, puesto que los niños son incontrolables y los locales de ocio nocturno también son sitios donde las bacterias residen a sus anchas. Recuerdo que una amiga me contó que tras darse una vuelta por un local nocturno con música en directo, cuando llegó a casa se encontró con la sorpresa de que tenía pegada en la parte de debajo de su bolso un cenicero. Pensando que había sido por culpa de un chicle, al despegarlo vio que se trataba de un “equipo completo de gérmenes” fumadores que disfrutaban de la ceniza y las colillas del recipiente.

Así que si no desean que en sus bolsos viva tanto bicho, sólo tienen que pasarle por su zona de asiento un pañito con desinfectante de vez en cuando. O no lo dejen en lugares que sean poco higiénicos como un cubo de basura, un excremento de perro o un charco lleno de moscas. Lo que sí les pido es que no hagan como la última mujer que se enteró del oscuro secreto que podía albergar su bolso y que, aún con todo lo que pesaba, estuvo meses con él a cuestas. La pobre consiguió mantenerlo libre de bacterias pero a cambio consiguió que la llamaran “Ana la manca”.

Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera…

 

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