“Perdonen que no les atienda, me llama mi smartphone”. La mayor parte de usuarios de teléfonos inteligentes dan prioridad a sus terminales ante otros asuntos.

Imagen: channelbiz.es

 

El incremento de la telefonía móvil inteligente entre la población mundial es un hecho comprobado, salvo casos aislados como en alguna residencia de ancianos u hogar del jubilado donde prefieren leer novelas clásicas o jugar al dominó. Pero, ¿el estar “always on” o siempre conectados a internet a través de estos pequeños aparatos es bueno o por el contrario nos aísla más del mundo?

El caso es que gracias a la conexión a internet que poseen los smartphone de hoy en día podemos estar al tanto de todo lo que sucede en el mundo, estemos donde estemos, con sólo apretar un botón. Pero a veces esto supone que no sepamos qué ocurre a nuestro alrededor porque estamos más pendientes del dichoso teléfono.

Un ejemplo: el hombre o mujer que sale de la consulta del médico, donde se ruega mantener los teléfonos en silencio, lo primero que hace desde que le dejan es mirar si tiene un correo electrónico, un whatsapp o si Teodoro ha comentado la foto que publicó en facebook, sin fijarse que están arreglando una alcantarilla a la salida del hospital para acabar cayendo dentro. Así que, otra vez a la consulta.

O que me dicen de lo que sucede en cuanto un avión toma tierra en cualquier parte del mundo. La sinfonía de melodías móviles al instante es ensordecedora. Y eso que la azafata pide por megafonía que nadie se levante y que mantengan sus teléfonos móviles apagados. Lo que ha causado que alguna que otra vez el comandante  de la aeronave ante tal falta de respeto haya levantado el vuelo nuevamente y los haya dejado en casa a todos por desobedientes.

Y ya si hablamos de reuniones de trabajo podemos pensar que estamos ante el peor de los casos. Porque no hay nada más desagradable que estés inspirado presentando un producto a alguien y en el momento más álgido de tu alocución, que aumenta las posibilidades de que ese cliente te compre tu producto, a esa persona le vibre el móvil porque le ha llegado un correo o alerta o lo que sea, y encima, como si no estuvieras, lo mira tranquilamente. Más de un teléfono ha salido volando en esos casos; aunque también hay que decir que en esos casos la venta nunca se llegó a cerrar.

Pero lo más peligroso es hacerlo mientras se conduce porque la adicción a la información mediocre que nos proporcionan estos nuevos amigos es tal que no nos damos cuenta de que podemos matarnos o matar a alguien mientras vamos al volante. Así que amigo o amiga amante de tu teléfono inteligente, sea más listo que él y domínelo, antes de que sea el aparatito el que le domine a usted.

Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera…

 

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