“Aquí tienes el bocadillo, un zumo y mil euros”. Cataluña, y probablemente Valencia, cobrarán a los padres que envíen la comida de sus niños en fiambreras.

Imagen: amazon.es

 

Lo de este país es de vergüenza para los que vivimos en él, y de chiste para los que nos ven desde fuera. La última de las mil maravillas políticas y que se recoge en uno de esos bonitos decálogos de paupérrimo nombre como: Medidas de Austeridad del Sector Educativo 2012/2013 (por poner un ejemplo), es la de cobrar a las familias de los niños que se lleven la comida al colegio en una fiambrera.

O sea, para que lo entendamos bien, se trata de que usted como padre o madre responsable le incluya a su hijo o hija además de los elementos necesarios para su correcto aprendizaje, algo de comer para que no desfallezca ya que con la reducción de partidas presupuestarias muchos colegios dejarán de prestar servicio de comedor, tendrá también que pagar si desea que su hijo no muera de hambre en el centro educativo.

El asunto, tal y como argumentan en Cataluña, es que hay que pagar por el uso de las neveras, los microondas o los servicios de limpieza tan importantes y que tanto coste va a suponer por los millones de toneladas de basura que genera un  solo niño. El precio a abonar es algo confuso según lo explican pero con que paguen sólo 1,50cts al día, eso supone un gasto de 270 euros por curso escolar, sin contar con la comida que también pagan los padres.

A este paso, sale más barato que los niños estudien en casa, donde tristemente hay como mínimo seguro, uno de los cónyuges en paro. Así ahorran en material escolar, uniforme y en el nuevo impuesto “fiambrero-revolucionario”. O incluso sería cuestión de invertir en comida deshidratada como la que utilizan los astronautas de la NASA en sus viajes espaciales ya que no necesita ser calentada ni refrigerada.

Lo que está claro aquí es que estamos ante un nuevo y original caso de “impuestitis aguda“. Porque si ya cobran porque los niños coman caliente, solo espero que en el invierno no les obliguen también a llevar leña en sus mochilas con el fin de evitar que no mueran congelados en clase. Aunque visto lo visto…me lo creo todo. Y lo más curioso de todo esto es que para enseñar a los demás, como dijo Buda, primero has de hacer tú algo muy duro: has de enderezarte a ti mismo.

Esta es la crónica habitual, de un día como otro cualquiera…

 

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