Juego de Tronos

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Estamos en tiempo de rebajas, de recortes y parece que también de sucesiones monárquicas. La última, tras la de Beatriz de Holanda, la de el rey de Bélgica Alberto II. Un regente, según relata la prensa, que ha estado muy unido a la polémica. Algo que me resulta extraño tratándose de la realeza.

 

Pero de lejos que nos quedan estas abdicaciones, también podríamos hablar de quienes no parece vayan a dejar el trono, o por lo menos es lo que se intuye. Tal es el caso de la reina Isabel II de Inglaterra que tras 60 años llevando el peso de la corona ha dejado que a su hijo el príncipe Carlos, se le pase el arroz y ya no le veamos como soberano.

 

Por asociación parental, ya que otra Isabel II reinó en España, la Isabel II de Borbón llamada “la de los tristes destinos” tenemos que hablar de Don Juan Carlos I de Borbón. Un regente, conocido por ser muy campechano, pero que desafortunadamente no está siendo un referente para el país tras sus viajes-safaris o cumbres, problemas judiciales colaterales y por lesionarse cada vez que sale del banquillo.

 

Y aunque no lo crean, la impensable sucesión en el trono de nuestro país ya se planteó en la Zarzuela hace unos meses y se llegó incluso a poner fecha, Semana Santa, para que el Rey diera paso al Príncipe Felipe pero una petición política sobre algo así, o al menos es lo que dicen, ha pospuesto “sine die” el relevo en la Casa Real.

 

Así que, aunque se le ha vuelto a adelantar otro monarca, el nuestro puede que no termine el año como jefe del Estado Español y si eso sucede podrá libremente, o con menos control, irse de viaje, recuperarse de sus lesiones e incluso ayudar cuando circule en moto a cualquier persona que su coche le haya dejado en la cuneta.

 

Lo que nos pueda traer el siguiente en la línea de sucesión, el Príncipe Felipe, parece poco importarle a los españoles que están más pendientes de la crisis, del paro o de Gran Hermano…programa cultural donde los haya.

 

Sin embargo, y estarán conmigo, será raro no ver al Rey Don Juan Carlos dar su tradicional mensaje de Navidad, si este sigue la moda de sucesiones monárquicas. Pero generará muchísima expectación e incluso apuestas ver, si ocurre, al Príncipe Felipe comenzar su mensaje diciendo: “Me llena de orgullo y satisfacción…”

 

Esta es la crónica habitual de un día como otro cualquiera.

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