¿Se queda el turismo contento con la Semana Santa?

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Atrás queda ya la Semana Santa con sus procesiones, sus cantos religiosos, sus días de asueto y sus jornadas de vacaciones aprovechadas sin duda para conocer en profundidad que es la reflexión, la paz y el sosiego estival. Unas jornadas que me han servido para reflexionar profundamente sobre varios asuntos, uno de ellos, el significado del término “sardina en lata” y que pude comprobar en mis propias carnes tras acercarme a una de las playas de Canarias.

Porque, entre esos millones de personas que en total nos lanzamos a la aventura de tomar el sol estos días, no pensaba que por el poco espacio tendría que compartir parte de mi toalla con una señora que no conocía de nada o con inconclusas construcciones de grandes castillos de arena. Hasta el sol desde lo más alto se planteaba cómo iba a distribuir sus rayos alrededor del mundo si tenía que dejar gran parte de su fuerza solar en nuestro archipiélago para nutrir a tanta gente.

También estos días me sirvieron para conocer las inquietudes de un sector que no lo está pasando nada bien como es el del taxi. La jornada nocturna previa a la festividad del jueves santo tenía la oportunidad de subirme a uno de estos vehículos de servicio público y al establecer un diálogo con la conductora, la señora taxista me hizo ver lo dura que es la profesión.

“No es normal que haya aún personas que trabajen 12 horas con un taxi quitándole la oportunidad de hacerlo a las demás y desde las administraciones públicas solo nos pongan trabas, tal y como está la economía y el precio del carburante, y eso sin contar el mal estado de las carreteras que sólo tienen baches por las que hay que transitar obligatoriamente”, me decía antes de añadir que ya se iba para casa y que con mi carrera por fin cubría el mínimo que le exigía su patrón. Lo que me hizo pensar que es la única vez que mi carrera ha servido para algo bueno.

El del taxi no fue el único sector con el que tuve contacto en estos días ya que, como buen canario, también quise tomarme un refrigerio al borde de la playa. Y tristemente esta idea solo corroboró lo que ya vengo reclamando desde hace tiempo: profesionalización del sector de la hostelería, por favor. Porque, aunque es injusto que se les señale a todos por igual, una gran parte de los que se dedican al sector servicios carecen, ya no solo de nociones básicas del inglés, sino además de modales. No vi una sonrisa en todo el tiempo que estuve sentado con mi tentempié mal servido sino que más bien lo que comprobé es cómo se puede comer chicle con la boca abierta, atender a los clientes y hacerte entender con aquellos que son extranjeros diciendo “cola y biar”.

Y estoy seguro que ustedes también habrán sacado algo en claro de esta semana santa que nos acaba de dejar, como un alojamiento que no correspondía con lo contratado o unos precios subidos estratégicamente en los supermercados de la zona turística precisamente con motivo de estas fechas, por lo que, después de tantos días de reflexión, también es momento para piensen sobre ello aquellos que, durante todo el año, hablan tan bien del turismo y no hacen nada para que este mejore en su calidad.

Esta es la crónica habitual de un día como otro cualquiera…

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