La política ya no es cosa de dos…

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Existen en la vida grandes frases que nos marcan el punto y final de una situación. Quien no ha escuchado un “se acabó lo que se daba” o por ejemplo un “hasta aquí hemos llegado”. Pues estas frases son las que están empezando a pulular por las sedes de los dos grandes partidos del país, la del Partido Popular y la del Partido Socialista una vez que ya se empiezan a conocer estadísticas sobre qué va a pasar en los comicios que tendremos el próximo mes de mayo.

Estas elecciones, las europeas, no sólo van a servir para conocer qué opina la ciudadanía de Europa sino sobre todo van a servir como castigo electoral a los dos grandes partidos que llevan pasándose la pelota del poder desde los años 80. Las últimas encuestas muestran no que las dos grandes formaciones pierdan en los comicios, sino algo más significativo, que son otros los partidos que ganan terreno y eso, les aseguro no gusta ni en Ferraz ni en Génova.

Imagínese que tiene una carnicería y que casi a la misma vez que usted, justo al lado le abren otra carnicería. La competencia es buena porque siempre puede usted meterse con la mala calidad del género de su oponente y él hacer lo mismo, así ambos ganan y ninguno pierde. ¿Pero si de repente abren unas carnicerías más pequeñas en la acera de enfrente tres décadas después con productos más frescos, precios más competitivos y una imagen renovada y adaptada a los nuevos tiempos? Lo primero es limpiarse la gota de sudor frío que recorre por su frente por saber que su negocio va a perder clientes y lo segundo, luchar contra ellas con todas las armas sin descartar incluso fusionarse con el que antes era su único oponente.

Pues algo así es lo que se espera hagan PP y PSOE después de las europeas en las que podrían retroceder hasta 17 puntos según el sondeo de Sigma 2, y de cara a las futuras más cercanas, como las generales, pensar en la posibilidad de alcanzar un acuerdo para gobernar juntos.

¿Cómo? Se preguntarán ustedes, pues con la excusa de que, por ejemplo, de nada sirve gobernar junto a un partido nacionalista porque este sólo va a pedir para su región y no va a ver el conjunto nacional. O cómo voy a gobernar yo con un partido que cuestione la imagen y presencia de la Casa Real como es Izquierda Unida o incluso que solicite más medidas contra la corrupción como es UPyD. Lo más fácil es unirme a mi antagónica formación y crear un “programa de gobierno para los ciudadanos”. O lo que es lo mismo evitar que el “se acabó lo que se daba” o “hasta aquí hemos llegado” finalmente se materialice.

Esta es la crónica habitual de un día como otro cualquiera…

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